Consecuencias físicas y anímicas que se pueden derivar del uso de las redes sociales

Como cualquier cosa que se hace en la vida, en el uso de las redes sociales también se ha de realizar un consumo responsable.

Algo que parece cada vez cuesta más a más gente fruto de la necesidad que todos sentimos de no alejarnos mucho de ellas para comunicarnos o estar al día de lo que pasa en el mundo y a nuestro alrededor.

De ahí que su uso se esté popularizando y haciéndonos la vida, en muchos casos, mucho más fácil. No obstante, si en lugar de un buen uso acabamos haciendo de cualquier servicio un abuso, lo que al principio se antojaba una solución se acaba convirtiendo en un problema.

Las consecuencias del abuso o mal uso de las redes sociales

Sobre este asunto realizaba un interesantísimo estudio la prestigiosa Universidad de Queensland. Allí, el Dr. Eric Vanman dirigía un grupo de estudio de la Facultad de Psicología donde se marcaban como objetivo estudiar las consecuencias físicas y anímicas que se podrían desprender del uso de las redes sociales.

En su informe final, en el capítulo de consecuencias, se podía encontrar que, efectivamente, del abuso de estas se desprendían ciertos efectos físicos relacionados, muy especialmente, con sistema cognitivo. Su influencia en enfermedades tales como el estrés quedaba probada.

De ahí que, en una segunda parte del mismo, descubriesen que, para muchos, eliminar sus cuentas en las principales redes sociales suponían una “descanso” de tal manera que, al reducirse el nivel de cortisol que estos producen por la necesidad de conexión constante, disminuían los niveles de la hormona del estrés.

Otra de las consecuencias que se podían comprobar tras analizar concienzudamente los objetos de estudio -en este caso voluntarios- era el aumento de la sensación de bienestar en aquellos que, con el paso del tiempo, habían desaparecido de las principales social media.

De ahí que cada vez más médicos estén prescribiendo la llamada “desconexión” total a aquellas personas que, ya sea por ocio, por motivos laborales o por ganas de saber qué hace el vecino y el famoso, manifiestan niveles de dependencia tales que se podría llegar a hablar de una suerte de adicción nueva propia de esta nueva era de la información y la comunicación.

Quizás lo más llamativo que se desprende de las consecuencias de este estudio que no está dejando a nadie indiferente ni en el área médica ni en la de los profesionales de los nuevos medios de comunicación es el que viene a advertir de que, con el paso del tiempo, se manifiesten cambios bioógicos que ahora son imposibles de determinar pero que en el futuro podrían ser toda una realidad si continuamos por la senda del abuso de las RR SS.

Para tener certeza de que lo que ahora mismo parece solo un indicio a seguir de cerca es un mal que nos aguarda en largo plazo, habrá que esperar al menos una década. Será entonces cuando conozcamos hasta qué punto la dependencia de internet y las redes sociales están cambiando nuestra propia naturaleza.

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